Bienvenidos al Sudeste Asiático

Argentina Cafiero

El Sudeste Asiático es una región muy especial dentro de Asia. No solo por la cantidad de países que lo integran (Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia, Timor Oriental y Vietnam) también por otros motivos: la heterogeneidad étnica, la mega diversidad de su ambiente natural, el pasado milenario de muchos de los pueblos que allí habitan y una ubicación geopolítica privilegiada a las puertas de China e India, custodiando el Océano Indico pero con una presencia fundamental en el Pacifico, lo que los une (y a la vez los separa) de Japón, Corea del Sur, Rusia, Oceanía y también Estados Unidos; Canadá y varios países de América Latina.

La denominación de la región como Sudeste Asiático se popularizó luego de ser utilizada en la planificación militar aliada durante la Segunda Guerra Mundial (Comando del Sudeste Asiático) ya que, hasta entonces, carecía de una denominación única. También se la conoció con diferentes nombres que respondían a las varias delimitaciones y pretensiones de dominación de potencias extranjeras. En épocas coloniales una parte perteneció a la India británica, también fue “Indochina” e “Indias Orientales”. Ya en el presente todavía se lo llama “Asia Pacifico” y la más actual, “Indo Pacifico”, que abre la región para la influencia india y los estados de Oceanía y, de algún modo, también oscurece la influencia china.

Limitándonos a los mencionados 11 estados que integran el Sudeste Asiático, encontramos que son relativamente jóvenes, ya que fueron creados a partir del proceso de descolonización abierto con el fin de la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de ellos iniciaron procesos de rápido –y desparejo- crecimiento económico que fueron retratados con el informe del Banco Mundial, titulado “El milagro de Asia Oriental”, de gran impacto cuando se publicó y que mostraba el rendimiento económico de varios países asiáticos (no solo del SEA) entre 1965 y 1990.

Pero más allá de las diversas, historias, tradiciones y la fragmentación que los caracteriza, el Sudeste Asiático es conocido también por el proceso de integración regional que encararon los países de la región: la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (más conocida por su sigla en inglés ASEAN que significa Association of Southeast Asian Nations). La ASEAN, lejos de estruendos y pretensiones desmedidas, hoy puede considerarse un modelo alternativo a los ya conocidos y un motor extra para las economías nacionales de quienes la integran.

La importancia del modelo ASEAN

Lo primero que hay que decir es que la ASEAN la integran 10 de los 11 países del SEA (solo quedó afuera Timor Oriental) y sumando el total de sus habitantes superan los 650 millones de personas. Tomando sus PBI en conjunto, la ASEAN es la quinta economía del mundo y en una tendencia a ocupar el cuarto lugar en poco tiempo.

Al compararlo con el MERCOSUR, la ASEAN no plantea ningún camino identitario común y, por el contrario, hace de la apertura comercial una bandera. Tampoco tiene una onerosa estructura política que carga sobre las espaldas de sus países miembros. A diferencia de la Unión Europea no apunta conformar instituciones supranacionales ni moneda común y menos a hacer obligatorio el cumplimento de sus normas a todos sus integrantes. Si se lo confronta con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la ASEAN incluye países muy poco convergentes entre sí, desde una minúscula ciudad Estado como Singapur con 5 millones de habitantes hasta Indonesia, un país con miles de islas que es el cuarto más poblado del mundo superando los 270 millones de habitantes.

La ASEAN agrupa a países enormes y diminutos, insulares y continentales, con mayorías budistas (de diferentes formas), musulmanes, cristianas, y que tienen gobiernos democráticos, dictaduras, partidos comunistas únicos e intensos nacionalismos asociados, no tanto a los Estados nacionales, como a la pertenencia étnica. En esa diversidad varios de ellos comparten fronteras conformando un conjunto que, a primera vista, podría ser sinónimo de problemas.

Por ello ASEAN planteó un modelo flexible y esa estrategia se reveló exitosa y cada país pudo sumarse según su propia realidad. La asociación ofició también como potenciador regional, ya que es un estímulo para la convivencia pacífica, garantizando así la estabilidad regional. Sobre todo, aportó a crear un clima de negocios donde cada país individualmente y todos en conjunto, pudieran planificar mejor sus económicas y atraer inversiones.

Como resultado de la crisis de 1997, ASEAN afinó sus sistemas de planificación para aportar a la recuperación de economías e instituciones financieras y comerciales nacionales. Se privilegiaron estrategias para aumentar la recepción de la Inversión Extranjera Directa antes que insistir en el desarrollo industrial sin valor agregado. Hoy en día, aumentó el peso de la producción de manufacturas y con ellas mayores encadenamientos productivos entre los miembros de la asociación y con otros países.

Desde entonces, el comercio intrarregional no ha parado de crecer, aunque también debe mencionarse que lo hizo en menor medida que la creciente posición china en la región. La relación con China es compleja y problemática. Y esto es así por la expansión comercial del gigante oriental, por las importantes comunidades chinas que viven en el Sudeste Asiático como por el grave diferendo en el Mar de la China oriental que ya tuvo varios episodios armados, choques diplomáticos en estrados internacionales y advertencias diversas.

Pero lejos de evitar el asunto, ASEAN comenzó a elaborar un Código de Conducta que pretende consensuar con China para regular la actividad en la región del conflicto y garantizar lo que más les importa, el comercio. Pero no todos son desacuerdos: mientras los Estados Unidos bajo Donald Trump cedieron terreno en la región, China continuó su avance. Muchos países de ASEAN no tuvieron más remedio que volcarse en los brazos del gigante chino, al punto que hoy es el principal socio comercial de la mayoría de los países del bloque.

La pandemia –que no es la primera en la zona- puso en paréntesis la actividad industrial y el turismo, elementos muy importantes de la economía regional, pero según el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para este año se comenzarán a revertir las caídas económicas y el crecimiento serán la marca común de la región.

Mirar ASEAN con ojos latinoamericanos

El MERCOSUR, luego de transitar caminos irregulares con sucesivos momentos de entusiasmo y también de abatimiento, parece enfrentarse en la actualidad con los límites que le imponen los paupérrimos resultados obtenidos. Hay una serie de causas que explican esto, pero entre ellas, podemos mencionar la falta de una estrategia compartida y un proyecto común que justifique –y sostenga- su existencia en el largo plazo.

La ASEAN recorrió otro camino y, aunque parezca de Perogrullo, por eso también obtuvo otros resultados, sobre todo porque no se puso objetivos que no pudiera alcanzar. Por el contrario, se planificó un proceso donde sus componentes viajaran ligeros y el paso del tiempo y el cumplimiento sistemático de pequeños compromisos fueran asfaltando un espacio de integración que, a diferencia del MERCOSUR, en sus inicios, tenía todas las posibilidades de fracasar.

En esa vía, la ASEAN ha implementado acuerdos con socios nacionales, y que se han bautizado “ASEAN + 1”, entre ellos con China, Corea, Japón, India, Australia y Nueva Zelanda. Esto lo distingue del MERCOSUR que no logró llevar adelante ningún acuerdo con socios de otras regiones.

Estos antecedentes fueron la base para que la ASEAN lograra convertirse en impulsor del tratado de libre comercio más grande del mundo, el Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), que además de los diez miembros de la asociación agrupó nada menos que a China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Todos ellos juntos representan casi el 30% del Producto Interno Bruto mundial y suman aproximadamente, casi un tercio del total de la población mundial.

El ASEAN además influyó para que el RCEP adoptara algunas de sus señas de identidad, aquellas que permiten integrar países tan disimiles apostando al largo plazo, a la paciencia y al mismo tiempo poniendo en claro que el futuro económico, comercial y financiero del mundo pasará por la región.

Gran parte del comercio latinoamericano viaja por los mares y océanos que disputan los miembros del ASEAN, también van a tierras donde los países del Sudeste Asiático abren sus enormes mercados internos. En poco tiempo el RCEP fijará los términos del intercambio en esa zona del mundo que, además, será el eje económico y tecnológico global. ¿Es razonable que sigamos moviéndonos a tientas con ellos? ¿No deberíamos preocuparnos por conocer mas lo que ocurre en una zona vital para nuestra economía? ¿No debería haber políticas proactivas de estados, empresas y universidades para generar mayores acercamientos con el Sudeste Asiático?

Conocer e investigar sobre ASEAN nos ofrece la posibilidad de pensar tanto en su propio desarrollo como repensar con una perspectiva fresca nuestro propio lugar en el mundo, como América Latina.

Fernando Pedroza es un reconocido académico argentino especialista en China
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Es director del Grupo de Estudios de Asia y América Latina (GESAAL) del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Además es doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca (España), investigador del Instituto de Estudios de América y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y profesor en las Universidades de Buenos Aires y del Salvador. Dictó conferencias en Malasia, Tailandia, Vietnam, Holanda, Japón, Suecia, España, Rusia, Uruguay y Argentina. Posee artículos publicados en Alemania, USA, México, Uruguay, Dinamarca, Argentina y España. Es además especialista en Historia política de la segunda mitad del siglo XX (Transiciones, guerra fría) y Política contemporánea de América Latina y Asia.