El himno oficial de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés) sintetiza en pocas estrofas el espíritu de un proyecto de integración regional de más de cinco décadas.
Unidad, prosperidad y paz son las metas compartidas por un conjunto de naciones ante el desafío de posicionarse en un sistema de relaciones internacionales poblado de viejas y nuevas potencias. Es así como la ASEAN devino el medio a través del cual la región adquiere identidad propia, vertebrando su proyección e inserción en el escenario global.
Con el tiempo, el interés internacional por el bloque ASEAN ha destacado su capacidad de sentar bases firmes para la cooperación entre los países de una región marcada por su diversidad política, geográfica, religiosa, étnica y económica.
Ante todo, los admirables desempeños económicos de la región han predominado en las discusiones sobre esta iniciativa regional. Sin embargo, tal como indica la quinta estrofa de su himno oficial -«For peace, our goal from the very start”-, los primeros avances y éxitos de la ASEAN no fueron en cuestiones económicas sino en cuestiones securitarias. Esto marcó su desarrollo institucional ulterior, como lo evidencian los alcances y límites de su nuevo sistema regional de derechos humanos.
Orígenes de ASEAN: el principio de no intervención como fundamento de la seguridad regional
Tras su creación en 1967, las prioridades de la ASEAN no podían ser otras que no fueran la seguridad regional. El contexto de inestabilidad política nacional y regional en las primeras décadas de posguerra fue uno de los problemas compartidos por cada uno de los Estados del Sudeste Asiático (SEA), y fue anterior al comienzo del proceso de integración.
Así, las jóvenes naciones de la región emprendieron la formación de una organización regional capaz de aliviar tensiones y facilitar la discusión, contención y resolución pacífica de los conflictos entre Estados.
los admirables desempeños económicos de la región han predominado en las discusiones sobre esta iniciativa regional
La región vivió picos de violencia en las décadas de los años 60 y 70 con el asesinato de opositores -presuntos comunistas- en Indonesia y Filipinas, la intensificación de la guerra en Indochina, la invasión Indonesia a Timor Leste, las campañas contra milicias étnicas en Myanmar, el régimen de Kampuchea Democrática en Camboya y una multiplicidad de conflictos étnicoreligiosos e independentistas en regiones como Aceh, Papúa Occidental, Sulawesi y Molucas, Mindanao, sur de Tailandia, Rakhine, Sabah y Sarawak.
Simultáneamente a la puesta en marcha de una Comunidad ASEAN a principios del nuevo siglo, la Asociación dio pasos firmes y rápidos en la creación de un sistema regional de derechos humanos. Esto fue tomado con sorpresa e incluso escepticismo por parte de la comunidad internacional dado el historial de la regional en esta materia.
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Los instrumentos y dispositivos creados hasta la fecha, la Comisión Intergubernamental de Derechos Humanos y la Declaración de Derechos Humanos, se desarrollaron no sin dificultades ya que cristalizan las tensiones entre dos principios: por una parte, el de no intervención que estructura cada documento, práctica e institución de ASEAN. Por otra, la responsabilidad de proteger que se ha afianzado como norma internacional y genera expectativas sobre cómo responder ante el genocidio y los crímenes masivos.
Tras su creación en 1967, las prioridades de la ASEAN no podían ser otras que no fueran la seguridad regional
El principio de no intervención es un aspecto de la estructura de conocimiento compartido sobre el que se establecen relaciones de cooperación y se define el rol de cada actor. Así, es “el consenso en torno a la primacía de este principio el que permite un nuevo avance hacia el abandono de la conflictividad, y la búsqueda de soluciones de manera conjunta”.
Posteriormente, este principio fue reforzado con la firma del Tratado de Amistad y Cooperación (TAC) en la Cumbre de Bali de 1976. Este es un pacto de no agresión entre sus miembros que institucionaliza pautas de conducta como el respeto por la independencia, la soberanía y la integridad territorial, la no intervención en los asuntos internos y la solución pacífica de las controversias.
En el mismo año en que se firmó el TAC, los países de ASEAN firmaron la Declaración de la “Concordia ASEAN”. Ambos documentos son un llamado a la resolución pacífica de controversias bajo la sombra amenazante de una expansión del conflicto en Indochina.
El momento crítico llegó con la invasión de Vietnam a Camboya en diciembre de 1978 tras dos años de enfrentamientos fronterizos. Tal como lo indica la declaración conjunta de la reunión especial de representantes emitida el 12 de enero de 1979, esta invasión violó normas básicas del TAC, como el principio de no intervención, la renuncia al uso de la fuerza y la resolución pacífica de conflictos.
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Simultáneamente, China invadió Vietnam para salir derrotada poco tiempo después sin siquiera comprometer la presencia vietnamita en Camboya. Se inició de este modo un conflicto que marcaría la dinámica regional durante una década y posicionaría a la ASEAN como articulador de la política del SEA ante a los ojos de la comunidad internacional.
La ASEAN encontró en la gestión del conflicto de Camboya la necesidad de alcanzar unidad, demostrando que el estilo ASEAN de intervenir en conflictos podía brindar respuestas efectivas y decisivas a pesar de las diferencias internas entre cada uno de sus países. Hechos concretos como la amenaza vietnamita para Tailandia movilizaron esa posición común por parte de la ASEAN a la vez que los Estados miembros demostraron voluntad de actuar más allá de sus intereses particulares en defensa de la estabilidad regional.
Institucionalización de la ASEAN: hacia una comunidad y el desarrollo de un sistema de derechos humanos
La solución del conflicto camboyano abrió una etapa de expansión de la ASEAN hasta incluir a todos los Estados del SEA, con excepción de Timor Oriental que desde 2013 solicita incorporarse.
El momento crítico llegó con la invasión de Vietnam a Camboya en diciembre de 1978 tras dos años de enfrentamientos fronterizos
En este período ASEAN no solo expandió su número de miembros sino también su número de socios extrarregionales. La creciente presencia China en la región impulsó la formación de instancias de cooperación multilateral para minimizar posibles enfrentamientos como las tensiones surgidas respecto a la propiedad de las islas del Mar de China Meridional y la península coreana, entre otros.
El consenso sobre la necesidad de reformas se empezó a manifestar en diciembre de 1997, cuando los representantes de los países miembros firmaron el documento de la Visión de ASEAN 2020. Esta visión plasma un renovado esfuerzo por fortalecer los lazos de integración de la región y por construir una identidad compartida sobre la cual fundar una comunidad.
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Es durante este clima de discusión de objetivos y procedimientos institucionales, que la ASEAN comienza a desarrollar un sistema regional de derechos humanos como los de Europa, África y las Américas. Es claro, que los derechos humanos no han sido una preocupación prioritaria de ASEAN, sin embargo, en las últimas dos décadas, la Asociación ha desarrollado instrumentos y dispositivos, culminando en una Declaración de Derechos Humanos, sobre la que se fundamenta un incipiente sistema de protección.
Pero la cultura institucional centrada en la no intervención ha limitado la capacidad de los instrumentos creados. La Comisión Intergubernamental carece de recursos e independencia frente a los gobiernos y la Declaración condiciona los derechos humanos en ASEAN a consideraciones de orden y seguridad a nivel doméstico. El resultado es un Sistema de protección anémico, constreñido desde su origen por el principio de no intervención.
La historia de ASEAN es la historia de una región que intenta dejar atrás su pasado de inestabilidad política, conflictos interestatales y violencia extrema. Estos desafíos han vertebrado la formación de una empresa destinada a cambiar la lógica imperante en las relaciones internacionales de la región. En dicho camino, el principio de no intervención garantizó la unidad de los miembros en tiempos de crisis, sustituyendo los enfrentamientos por la resolución pacífica y consensuada de los conflictos.
Queda por ver si un sistema de derechos humanos incapaz de atender las demandas de los pueblos, no será obsoleto ante violaciones de derechos humanos. Violaciones que, de no ser tomadas en cuenta, puedan derivar en conflictos de alcance regional.
El artículo es un resumen del original, publicado en la Revista Asia / América Latina.
Investigador del Grupo de Estudios de Asia y América Latina (GESAAL) del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y maestrando en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de La Plata.














